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Infancia de la cerveza artesanal en México: los primeros años

Por: Alejandra Villegas y Alan Rodríguez

Te contamos cómo fueron los orígenes de la cerveza artesanal en México en voz de algunos de los protagonistas de esta etapa

“She's got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories”

El movimiento de cerveza artesanal en México lleva poco más de 20 años de gestación y desarrollo. Las cervecerías van y vienen, pero sus historias y aportaciones son las que han forjado una incipiente cultura. En este mes de abril, el mes por excelencia dedicado a la infancia, quisimos ahondar en la etapa más primigenia, la niñez de la cerveza artesanal en México

¿A quién demonios se le ocurrió hacer cerveza en su garaje? ¿Quiénes descubrieron esta alquímica pasión por crear cervezas diferentes a lo conocido? A continuación una charla con algunos de los protagonistas de las cervecerías Calavera, Cosaco, Copado, Minerva, Primus y The Beer Company, que reviven cómo fueron esos primeros años y todos los retos que tuvieron que afrontar.

PRIMERAS MARCAS

Los primeros registros de cerveza artesanal en México datan de finales de los 90. Un cervecero casero sería el primero en arriesgarse para que su producto se conociera cuando aún no existía un mercado artesanal, hablamos de Gustavo González quien en el 2000 impulsó su marca Cervecería Cosaco.

“En 1995 empecé a hacer cerveza. Lo que había en el Distrito Federal era el Beer Factory en el 97, y el ejemplo de Casta, en Monterrey, que nos llegaban acá las botellas. Fui avanzando con el tiempo, mejorando mis prácticas, en ese momento no podías conseguir vidrio, estaba muy controlado, igual la malta. Después de varios intentos pude conseguir malta y eso facilitó todo el proyecto, sino hubiera sido imposible”, recuerda Gustavo, el primero en registrar una marca artesanal en México. 

“En inicios de los 2000 la cerveza artesanal no existía en el radar. Para cualquier cliente o persona con la que llegábamos era totalmente innovador que hubiera otra cervecería. Existían solo Modelo y Cuauhtémoc en México, y había habido un intento por ahí de una cerveza que se llamaba Casta, pero no pegó. La gente se sorprendía de que hubiera otros estilos. Te estoy hablando de 2004, cuando iniciamos”, señala Jesús Briseño, el fundador de otra cervecería pionera, Minerva, de Guadalajara.
“La primera ola de cerveza artesanal en México fue a principios de los 2000. Antes no hubo nada relevante. Había tres o cuatro estilos muy básicos. El 100% de los restaurantes de la CDMX tenía contrato de exclusividad con alguna de las grandes cervecerías. No había marcas artesanales. Recuerdo que cuando nació Primus había 12 cervecerías en México; dos o tres ya no existen”, comenta Jaime Andreu, director comercial de Cervecería Primus.

¿CÓMO ABRIR MERCADO CUANDO TIENES TODO EN CONTRA?

El primer gran obstáculo: los contratos de exclusividad en centros de consumo. Todos coinciden en que las malas prácticas del duopolio (en ese entonces Modelo y Cuauhtémoc, actualmente AB Invev y Heineken) fueron el gran muro a derrumbar. “Los primeros obstáculos fueron el comprar el equipo e instalarlo. El control de calidad. Vender a lugares que tenían contratos de exclusividad”, recuerda Jesús Briseño. 

“El duopolio abarcaba todo el mercado de la cerveza, con muy malas prácticas comerciales, los contratos de exclusividad y que la mayoría de bares y restaurantes estaban acostumbrados a que las cerveceras les dieran cosas, refrigeradores, mesas o sillas. Esas prácticas no iban con el producto que nosotros ofrecemos. Tuvimos que romper con todo esto. Cambiar la cultura cervecera que estaba influida por una mercadotecnia industrial que abarataba al producto, quería esconder las cualidades organolépticas a temperaturas heladas, para que la gente no supiera lo que tomaba y, además la publicidad que cosificaba a la mujer”, comenta Elizabeth Rosas, socia fundadora de Cervecería Calavera, la primera cervecería artesanal del Estado de México.

“Había tres problemas que nos unían en la industria: el tema del duopolio y los contratos de exclusividad. Otro, el IEPS, entonces pagábamos 25% y ahora 26.5%. Y el acceso a insumos, porque comprar levadura y lúpulo en México era todo un suplicio”, explica Jaime Andreu. También recuerda una anécdota de aquel tiempo sobre el primer proyecto de asociación de cerveceros independientes. “En un aeropuerto camino a un congreso en Estados Unidos, firmamos en una servilleta junto con el dueño de Beer Factory, de Minerva y de Cucapá. En caliente expresamos que necesitábamos trabajar por los ideales de la industria. Decidimos empezar a trabajar en Acermex (Asociación de Cerveceros Artesanales de México)”.

Cortesía Jaime Andreu de Cervecería Primus

En 2013, la Comisión Federal de Competencia (CFC) estableció el terminar con los contratos de exclusividad, lo que permitió que restaurantes y bares permitieran la venta de cerveza artesanal. 

¿DÓNDE VENDER LA CERVEZA?

En 2007 no había muchos lugares donde comprar cervezas artesanales. The Beer Company empezó con cervezas importadas porque entonces no había casi marcas mexicanas. Para comprar importadas empezó a marcarles por teléfono, porque venían sus datos en las etiquetas. “Los conocías, ibas a sus oficinas y ahí te empezaban a vender las cervezas”, comenta Felipe Medina, fundador de The Beer Company. 

Cortesía Felipe Medina de The Beer Company

El trámite para una licencia era complicado, porque en varias ciudades había que hacerlo con alguno de los dos grupos, Cuauhtémoc o Modelo. “Tanto a ellos como al Municipio les decíamos que queríamos poner un bar de cervezas. Nos decían que nos ayudaban con los refris, las mesas, equipos de barril, etc. Pero les decíamos que no, que íbamos a vender otras 70 marcas diferentes de cerveza y no les cabía en la cabeza. Para ellos era vender las de un grupo o las del otro. Por ejemplo en Ciudad Juárez abrimos, pero la licencia era de Cuauhtémoc Moctezuma. Nos las prestó para abrir, y como vieron que se empezó a vender muchas cerveza artesanal importada, nos la quitaron”, recuerda Medina. 

Un aspecto sobre el que hubo que trabajar mucho fue el valor del producto. “En aquel entonces la gente llegaba y pedía una cerveza  -que costaba, digamos $50-  y decía que pues era una cerveza, ¿por qué tan cara?.  Era un tema de cultura que había que trabajar con el cliente y explicarle que había cervezas más atractivas.

EL CONOCIMIENTO

“Beer Factory entonces era una gran escuela. El cervecero de Minerva, el de Alebrije, el de Baja Brewing y muchos, salieron de ahí. En Guanajuato estaban Corralejo y Potro. En Guadalajara estaba Minerva. Y en Tijuana recuerdo estaban Tijuana, Mexicali y Cucapá. Y en Monterrey estaba surgiendo Sierra Madre”, menciona Andreu.

Cortesía Elba Copado

“Me tocó ver muchos compañeros nacer a Atenea, Tinoco, Duque, La Riata, fui pionera en Guadalajara y el conocimiento era celoso, se lo guardaban para ellos había un par de lugares sobre cerveza, el Beer Crew Brewhouse y The Beer Station pero no compartían mucho sus saberes. Batallé mucho por la falta de conocimiento, los pocos libros que podías encontrar estaban en inglés, viajé a Estados Unidos, y allá nos llevaban 30 años de ventaja”, señala Elba Copado, una de las pioneras cerveceras en Guadalajara y fundadora del grupo de Cerveceros Caseros de Jalisco.

LOS FESTIVALES

Una plataforma que ayudó muchísimo a poner en el reflector el trabajo de las microcervecerías fueron los festivales. 

Elba Copado nos cuenta de sus experiencias con San Arnulfo, un evento dedicado al santo patrono de la cheve en el que se reunían cerveceros caseros para ofrecer su producto: “en 2007 abrí mi local y como ya tenía permiso y licencia, empecé a hacer exposiciones. Con San Arnulfo empezamos en 2008, contamos con el apoyo de Minerva, nos ayudó mucho a los caseros. Mi lugar era de los pocos para ir y tomar cerveza en Guadalajara, San Arnulfo sirvió para la difusión de cultura cervecera”.

Cortesía Liz de Cervecería Calavera

Liz de Calavera, recuerda cómo fueron sus primeras participaciones en festivales gastro-cerveceros: “En ese tiempo había muy poquitos festivales, procurábamos estar en todos. Nuestra primera vez, la recuerdo muy bien porque regalamos la cerveza, acabamos de llegar a México, hicimos los primeros lotes, pero nadie nos decía de los permisos, no teníamos idea si podíamos venderla o no. Fue en 2009, en la Expo El Gourmet en el Centro Banamex, solo estaban Primus, Beer Factory y nosotros. Ahí conocimos a Bastian, que desde entonces ha sido nuestro distribuidor y amigo muy querido. También conocimos a los Primus, que hemos tenido una amistad muy linda a lo largo de los años, ahí empezaron los lazos de amistad muy fuertes entre cerveceros”.

Algo importante, por ahí de 2010 o 2011, fueron los festivales cerveceros porque cumplieron un papel en poner a la cerveza artesanal en el foco. “Hubo un tiempo en que se pusieron de moda. Había en Zacatecas, en San Miguel de Allende, Morelia, Tijuana… En nuestro caso, eso sumó, porque fuimos a ciudades donde no teníamos sucursales”, recuerda Felipe Medina.

¿CUÁNTO HA CRECIDO EL NIÑO? EVOLUCIÓN Y FUTURO

Han pasado poco más de veinte años, ¿qué elementos de la niñez han quedado atrás y qué nos falta por conquistar para llegar a la madurez de la industria?

“Estuve siguiendo muy de cerca el mercado de cerveza artesanal en Estados Unidos, y aposté a que en México tarde o temprano iba a haber un mercado y un segmento de cerveza artesanal con nosotros, sin nosotros o a pesar de nosotros. Esa fue la apuesta”, menciona Jesús Briseño.

Un gran momento para nuestra cerveza, dice Jaime Andreu, es cuando en el Año Dual México-Alemania 2016-2017 “por primera vez en la historia dos jefes de estado en un evento oficial brindaran con una cerveza. Después de dar la idea de hacer una cerveza en colaboración entre los tres principales cerveceros de Alemania y los tres principales de México, y se cocinara allá y acá, finalmente en una cena Peña Nieto brindó con Ángela Merkel con una cerveza dual. En ese momento, en cuanto a cultura cervecera, pensamos que podríamos hacer lo que quisiéramos”, señala el socio de Primus, cervecería ubicada en San Juan del Río, Querétaro.

“En esa etapa de ‘infancia’ me tocó ver cervezas en mal estado que aún así se vendían, gente que se enojaba si le dabas críticas. Pero existe en Guadalajara una apertura por querer hacer las cosas bien, por prepararse. Los tapatíos que conozco tienen un buen respaldo académico y están comprometidos. Antes éramos solo tres jueces BJCP en Guadalajara y ahorita ya somos 20”, comenta Elba. Sobre lo que nos hace falta para madurar, ella señala: “capacitación integral, no solo para mejorar la cerveza, que en eso creo que estamos en buen nivel, sino para vender y financieramente hablando, planeación estratégica de varias fuentes de ingresos y no solo enfocarnos a vender cerveza, muchos rehuyen a pagar impuestos, siempre hay que tener una estrategia fiscal que te ayuda a no ser informal y cumplir con los impuestos”.

Para Gustavo, estamos en una etapa de adultez joven: “Sabemos que hay países que están por encima de nosotros y tienen esquemas más prácticos de subsistencia, por ejemplo, en Argentina tienen mucha más producción de materia prima. Acá ya hay malterías nacionales que cuando yo tenía 25 años lo veía imposible, ya puede haber una subsistencia más orgánica de consumir más insumos aquí, salvo el lúpulo, ya podemos ser más autosuficientes”. Su ideal de madurez es que exista un verdadero consumo local de la ciudad y estado en el que estás: “Yéndome al tema mexicano local, está bien decir que tu producto mexicano viene de Tijuana, pero apenas existen los primeros ejemplos de entender que la cerveza local es la que está en la ciudad, en eso estamos en pañales. Eso es esencial para mantener la cimentación. Si vendemos más cervezas de Ensenada que de nuestra propia ciudad, algo está mal”.

Desde la perspectiva de Liz Rosas, de Cervecería Calavera, aún falta camino por recorrer para llegar a la madurez de la industria: “si nos comparamos con Estados Unidos que es la referencia más próxima todavía estamos llegando a la pubertad, creo que en algunos aspectos hemos madurado bastante, por ejemplo en el calidad de las cervezas la variedad, identidad de cerveza mexicana y darle posición a nivel mundial a cerveza, nos ha ido muy bien ahí. Pero a nivel de ganar terreno en el mercado ahí sí todavía somos pequeños, estamos como pubertos, tenemos mucho mercado que avanzar y ganar terreno a los industriales”.

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